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Autor Tema: EL PRINCIPIO DE LA SALUD  (Leído 425 veces)
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Samurai Amor
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« : Julio 02, 2009, 06:17:17 »

Podría parecer cuando hablamos de prosperidad y abundancia,  que cometiéramos el desacierto de pensar que  la prosperidad se refiere únicamente  al dinero o  a las riquezas, es decir al área económica o material, si bien es cierto que la abundancia afecta áreas diversas entre las que se encuentra  la  de la salud.
¿De que nos serviría tener todo los tesoros y dinero del mundo si careciéramos de salud para disfrutarlo?

A continuación quiero compartiros un extracto del  libro de Wallace Wattles, La Ciencia de estar Bien.

 

¿Depende el resultado de la curación más  de la forma en que el paciente piensa sobre el remedio, que sobre los ingredientes  de la prescripción?

 

Hay una vieja historia que suministra una muy buena ilustración en este punto, y que brindaré aquí. Se dice que en la edad media, los huesos de un santo, mantenidos en uno de los monasterios, hacían milagros  de curación; en ciertos días una gran multitud desconsolada se reunía para tocar las reliquias y ser sanada. En la víspera de una de esas ocasiones, algunos sinvergüenzas sacrílegos obtuvieron acceso al cajón en donde estaban guardadas las reliquias que trabajaban maravillas y robaron los huesos; y en la mañana, con la multitud de pacientes acostumbrada esperando en el portal, los frailes se encontraron despojados de la fuente del poder del milagro. Resolvieron mantener el tema en silencio esperando que al hacer eso pudieran encontrar al ladrón y recuperar sus tesoros: y apresurándose al sótano del convento desenterraron los huesos de un asesino, que había sido enterrado allí muchos años antes. Colocaron éstos  en el cajón, intentando crear una excusa creíble  para el fracaso de que el santo realice sus acostumbrados milagros en ese día; y luego dejaron entrar a la concurrencia en espera de los enfermos y los más débiles. Para la sorpresa intensa de aquellos que conocían el secreto, los huesos del malhechor probaron ser tan eficaces como los del santo; y las curaciones continuaron como antes. Se dice que uno de los sacerdotes dejó un relato de lo ocurrido, en el cual confesó que, para su juicio, el poder de curación había estado  todo el tiempo en las mismas personas, y nunca, en absoluto, en los huesos.

 

Si esta historia es cierta o no, la conclusión se aplica a todas las curas obtenidas por todos los sistemas. EL PODER QUE SANA  está en el paciente mismo; y que se haga activo o no lo haga no depende de los medios físicos o mentales utilizados, sino sobre la manera en que el paciente piensa en estos remedios. Hay un Principio Universal de la Vida, como Jesús enseñó; un gran Poder de Curación espiritual; y hay un Principio de Salud en el hombre que está relacionado con este Poder de Curación. Éste puede estar latente o activo, de acuerdo a la manera en que el hombre piense. Siempre puede acelerarlo en actividad pensando de un CIERTO MODO.
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Amor me crea en mi perfección.
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